Economía del Conocimiento Para Todos

Alfredo Barriga

Un ejemplo servirá para ilustrar la Economía del Conocimiento y sacar las conclusiones sobre lo que es necesario hacer para llevar a nuestra sociedad hacia esa nueva era, que supera la tradicional dependencia de nuestra economía de los recursos naturales.

Supongamos que sube la tasa de cambio del dólar. Se lo comentamos a una artesana de Pomaire tipo “A”, y no entiende de qué le hablamos. Sin embargo, el dato sigue estando ahí. Pero no ha servido para nada en su economía personal. Se lo comentamos a una artesana tipo “B”, que entiende de qué le hablamos, y supone que eso significa que llegarán más gringos a comprarle sus artesanías. El dato pasó a ser información. Sin embargo, no es aún conocimiento, porque sigue haciendo lo mismo que hacía hasta antes de conocer el dato. Se lo comentamos a una artesana tipo “C”, que baja los precios en dólares de sus productos en su sitio Web, o comienza a ofrecerlos en e-bay.com. La información se convirtió en conocimiento, moviendo a la acción, cambiando lo que hace. La artesana tipo “C” está en la economía del conocimiento, y genera más ventas. Moverse hacia la Economía del Conocimiento supone convertir a las artesanas en tipo “C”, mediante capacitación y facilitación de acceso a la economía del conocimiento. Es cambiar una mentalidad productora hacia una mentalidad emprendedora. El acceso a las herramientas del conocimiento es el facilitador, la capacitación es el gatillador que aumenta el valor de lo que hace. Cuanto más gente en un país tenga una lógica de conocimiento, mayor será su productividad de los factores, mayor el valor agregado generado, mayor el crecimiento de la economía.

La economía capitalista se basa en el acceso a su recurso clave, el capital. El acceso no es universal, sino limitado. El recurso es excluyente: si lo tiene alguien, no lo puede tener otro alguien. Lo mismo pasa con el recurso “tierra” y “trabajo”. La economía del conocimiento, en cambio, no funciona así. La economía del conocimiento se basa en el acceso a su recurso clave, el conocimiento. La materia prima de éste está como información en Internet. Todos quienes tienen acceso a Internet tienen acceso por igual a la misma cantidad de “materia prima”, que no es excluyente. Hay verdadera libertad de concurrencia e igualdad de oportunidades, al menos en lo que se refiere al acceso a la “materia prima”. En la medida en que están mejor capacitados para extraer esa información y convertirla en conocimiento, aumentan su valor agregado, su bienestar y su contribución a la economía del país. Es aquí donde surge la desigualdad: en la capacitación

Como trabajadores del conocimiento, son dueños de su capacidad de producir, y no dependen de que exista un trabajo, porque pueden producirlo por su cuenta. El trabajo remunerado y por cuenta de terceros da paso al trabajo por cuenta propia e independiente. Deja de trabajar “para” y pasa a trabajar “con”. Más que fuentes de trabajo surgen fuentes de ingreso. En Uruguay se llevó a cabo una campaña, impulsada por un empresario, bajo el lema “vive acá, trabaja allá, gana allá, gasta acá”. En poco más de 6 años 50.000 personas aprendieron a vender sus productos al mundo a través de e-bay.com o sus servicios a través de guru.com. Hoy generan más de 600 millones de US$ y se han convertido en la segunda fuente de exportaciones después de la carne. La renta por trabajador es superior a la media del país. Un 27% de esos emprendedores no tiene siquiera enseñanza secundaria terminada; la mitad no tiene enseñanza superior. Llevando esas cifras proporcionalmente a Chile, salen 250 mil nuevas fuentes de ingreso y más de 3 mil millones de US$ de aporte al PGB. Eso es la economía del conocimiento, y así funciona.

En la economía capitalista, los rendimientos marginales son decrecientes. En la economía del conocimiento, son crecientes, merced al efecto de la llamada “ley de redes de Metcalfe”, por la cual las adiciones marginales a una red potencian la misma por encima del valor adicional de lo que se agrega. Es un nuevo paradigma: las economías trabajan en red. La economía capitalista, porque se basa en la competencia por los mismos recursos excluyentes, no trabaja con esa lógica. La economía del conocimiento usa modelos de competencia de suma superior a cero, siguiendo la lógica del equilibrium de Nash (el de la “mente brillante”), y generan valores de mercado muy superiores a los que se generan usando los paradigmas de la sociedad industrial. Facebook generó un valor de mercado en solo 4 años superior al de las 4 mayores fortunas de Chile, que necesitaron decenios para llegar ahí. La industria del offshoring en Chile ha conseguido en apenas 5 años llegar a facturar más de 800 millones de dólares, y será en breve mayor que la industria del salmón o de los vinos, que emplearon más de 10 años en llegar ahí. Con solo mantener la tasa de crecimiento de este año, para el 2014 estará empinándose sobre los US$2,000 millones. ¡Y la renta media es superior a la de la minería del cobre!

Quiero dejar a mis hijos un país que no dependa de lo que extrae de la tierra o de lo que hace con sus recursos naturales, sino de lo que extrae de la mente y lo que hace con sus capacidades intelectuales. Los recursos naturales son en muchos casos no renovables. Los recursos intelectuales son siempre renovables, mejorables, crecientes. Esto no significa dar la espalda a las actividades relacionadas con los sectores primarios, sino fortalecer lo que podemos hacer en los sectores terciarios, porque es ahí donde se puede generar el mayor crecimiento y la mayor igualdad de oportunidades.

El gran desafío que tiene Chile ahora mismo – la ventana de oportunidades se va cerrando rápidamente – es incorporarse a la Sociedad del Conocimiento. Fuimos muy buenos a nivel mundial para generar una economía abierta al mundo basada en nuestras ventajas competitivas en recursos naturales. Ese modelo ya no da más de sí. Fue capaz de generar riqueza, pero fracasó en distribuirla: eso es lo que dicen los datos. Debemos hacer urgente un cambio de Modelo de Desarrollo, que supone impulsar urgentemente una educación de calidad mundial y una infraestructura de tecnologías de la información y comunicaciones que llegue a todos los chilenos.

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