Detroit busca reducirse para salvarse

Por DAVID RUNK / Associated Press

Detroit, el símbolo del poderío industrial de Estados Unidos durante buena parte del siglo XX, ha trazado ahora un plan extremo de renovación que contempla el convertir grandes zonas de la ciudad, ahora decadentes y olvidadas, en los cultivos y áreas rurales que existían antes de la llegada del automóvil.

En una operación de una envergadura jamás observada en Estados Unidos, la ciudad demolería casas en algunas de las zonas más desoladas de Detroit y mudaría a los residentes a vecindarios más pujantes. Casi una cuarta parte de la ciudad, de 360 kilómetros cuadrados (139 millas cuadradas) podría dejar de ser una zona urbana, para convertirse en semirrural.

Cerca del centro, los árboles frutales y granjas productoras de vegetales reemplazarán a barrios enteros que parecen ahora pueblos fantasma, formados por inmuebles desocupados y terrenos baldíos. Los trabajadores que se dirigen de los suburbios a la ciudad tendrían que pasar por una zona rural para llegar a Detroit.

Los barrios sobrevivientes en la cuna de la industria automotriz se convertirían en manchas de urbanización en medio del campo.

Las autoridades de Detroit plantearon la idea por primera vez en la década de 1990, cuando comenzó a propagarse la decadencia. Ahora, en un momento en que la recesión hunde más a la ciudad en la ruina, la decisión sobre cómo seguir adelante ha tenido que tomarse.

El alcalde Dave Bing, quien asumió el cargo el año pasado, presentaría algunos detalles este mes, en su discurso sobre el estado de la ciudad.

"Ahora se contempla lo que era impensable", dijo James W. Hughes, decano de la Escuela de Planificación y Políticas Públicas en la Universidad de Rutgers, quien figura entre los expertos urbanos que observan el experimento con interés. "Ahora hay conciencia de que las glorias pasadas no podrán recuperarse. Algunas personas quizás no acepten eso, pero es la realidad".

La gente de la ciudad comienza apenas a entender significado de los planes para la ciudad.

"La gente tiene miedo", dijo Deborah L. Younger, directora general de un grupo llamado Detroit Local Initiatives Support Corporation, el cual trabaja para revitalizar cinco zonas de la ciudad. "Cuando uno lee que los vecindarios podrían dejar de existir se propaga el temor".

Aunque existe la disposición de reducir la ciudad, no está clara la forma de hacerlo, y el camino no está exento de problemas.

Debe tomarse una serie de decisiones potencialmente explosivas sobre qué barrios serán demolidos y qué otros remodelados. Cientos de millones de dólares en fondos federales harán falta para comprar terrenos, derribar edificios y reubicar a los residentes, dado que esta ciudad, desesperada por la crisis financiera, carece de los medios para llevar a cabo esas tareas con sus propios recursos.

Se desconoce cuántas personas en la ciudad, principalmente habitada por obreros negros, serán desalojadas, pero podrían ser miles, y algunas no se marcharán sin chistar.

"Me gusta cómo son las cosas aquí", dijo David Hardin, de 60 años, cuyo bungaló es una de las tres viviendas ocupadas en una cuadra donde abundan los terrenos vacíos, cerca de lo que se conoce comúnmente como el Aeropuerto de la Ciudad.

Hardin ha vivido ahí desde 1976, cuando cada casa en la calle estaba ocupada, y dijo que disfruta la paz y la tranquilidad.

Durante buena parte del siglo XX, Detroit fue una potencia industrial, la ciudad que motorizó a todo el país. Los trabajadores de las fábricas vivían en barrios de casas sencillas de uno y dos pisos, y caminaban al trabajo. Pero luego, las plantas comenzaron a cerrar una por una.

Los disturbios de 1967 aceleraron el éxodo de los blancos a los suburbios, y les siguieron muchos negros de clase media.

La ciudad, que tenía casi dos millones de habitantes en la década de 1950, tiene ahora menos de la mitad. En algunas calles queda sólo una o dos casas ocupadas, rodeadas por terrenos llenos de basura y por otras viviendas consumidas por el fuego.

Los saqueadores se han llevado cualquier cosa de valor de los inmuebles vacíos. De acuerdo con un estimado reciente, Detroit tiene 35.500 casas vacías y 91.000 lotes vacantes en zonas residenciales.

Otras ciudades industriales en decadencia, como Youngstown, Ohio, han aceptado también los planes de reducción. Desde el 2005, Youngstown ha derribado cientos de casas al año.

Pero ese esfuerzo queda empequeñecido por el proyecto de Detroit. Los 103 kilómetros cuadrados (40 millas cuadradas) de propiedades vacantes en Detroit son de hecho más grandes que toda la ciudad de Youngstown.

Ante un déficit presupuestario de 300 millones de dólares y una base cada vez menor de contribuyentes, Bing argumenta que la ciudad no puede seguir pagando la vigilancia policial, las labores de los bomberos y otros servicios para todas las áreas.

El plan actual demolería unas 10.000 casas y edificios vacíos en tres años, e inyectaría nuevas inversiones a los barrios más dinámicos. En aquéllos que se destruyan, la ciudad ofrecería reubicar a los residentes o comprarles sus propiedades.

La ciudad podría recurrir a los embargos fiscales para hacerse de las propiedades abandonadas, y podría expropiar las viviendas de quienes se niegan a marcharse.

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